Introducción

La depresión es tan antigua como la humanidad misma. El médico griego Hipócrates la diagnosticó en el siglo IV antes de Cristo, llamándola “melancolía”.

En la actualidad la depresión parece ser más epidémica debido a la tendencia actual de mudarse hacia grandes ciudades, lo que es sinónimo de vida más agitada y acelerada. El crecimiento urbano desmedido suele romper los grupos familiares, provocando la pérdida de identidad comunitaria y el mutuo entendimiento. La vida urbana nos somete a efectos no deseados como el ruido, la contaminación ambiental, el tráfico, la competencia por los puestos de trabajo, y miles de otras realidades que pueden producir “estrés”, tensión nerviosa y como consecuencia final: depresión.

El Dr. Gerald Klerman de la Escuela de Medicina de Cornell vaticinó que podemos esperar una nueva era de melancolía debido a la rotura de los lazos familiares y la falta de fe en las instituciones (Revista Newsweek, 4 de mayo de 1987). Dando a entender que todo lo que parecía estable y confiable se desmorona ante nuestros propios ojos. Esta realidad puede producir un devastador sentido de impotencia e incluso puede matar nuestro espíritu humano si no somos capaces de enfrentarla. Además, saca a la luz lo verdaderamente débiles que somos los seres humanos ante las tristes consecuencias de nuestra naturaleza.

La depresión es la forma más común de dolor emocional. Es “la gripe emocional” que ataca a casi todos en algún momento. Igual que la gripe, ataca a niños y adultos, hombres y mujeres. Nadie se halla inmune, ni ricos ni pobres. Algunos la experimentan sólo en una forma liviana, mientras que otros se hunden en la desesperación. Contrariamente a lo que puede suponerse, la depresión está atacando mayormente a los jóvenes entre 25 y 44 años de edad, quizás debido a la competencia por ganar un puesto en la vida. Y peor aún, hasta se han registrado suicidios en niños y adolescentes, cosa que se atribuye a fuertes ataques de depresión.

Lamentablemente no son muchas las personas que buscan ayuda para su depresión. Muchos hombres, a diferencia de las mujeres, se abstienen de recurrir al médico por considerar esto una señal de cobardía. Se calcula que la mayoría de las personas (4 de 5) aprietan los dientes y aguantan su sufrimiento sin necesidad.

La medicina moderna y la psicología han descubierto nuevas formas de hacerle frente a la depresión y la sabiduría de la Biblia nos revela el mejor remedio para la melancolía. En este folleto le presentaremos tanto los descubrimientos de la ciencia, como las verdades de la Biblia, con el sincero deseo de que pueda librarse de las cadenas de la depresión.

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