UN AMIGO, UNA DE LAS MEJORES CURAS

El psicólogo Javier Del Amo (Psicodeia N° 70 Tomo V, 1983) sostiene que la depresión es causada por un proceso de incomunicación con otras personas. Dice que debido a la falta de una comunicación con verdadero significado, las emociones de una persona se congelan o paralizan.

Tal vez no sea ésta la única causa de la depresión, pero lo cierto es que la gente deprimida con frecuencia muestra síntomas de no poder ni querer comunicarse con los demás.

Para remediar esta situación, Del Amo aconseja que la persona deprimida necesita un amigo que no se limite a pasar el tiempo con ella, sino que se comunique con ella a un nivel emocional profundo. Una relación de este tipo ayudaría a la víctima de la depresión a “abrirse” y a reanimar sus emociones para percibir la realidad con mayor claridad, y para recuperar la facultad de pensar en forma creativa.

La solución de Del Amo parece válida. A través de éste blog hemos señalado con frecuencia los beneficios que se obtienen del hablar con un amigo. Una encuesta sociológica llevada a cabo en Caracas, Venezuela, reveló que la gente considera que un buen amigo es mucho más efectivo para ayudar a una persona deprimida que un miembro de la familia o un consejero profesional.

Con esto en mente, veamos varias sugerencias acerca de cómo ser un buen amigo para alguien que está deprimido.

Esta lista no presenta pasos sistemáticos para sacar a una persona de su depresión, ni una lista de soluciones mágicas, sino más bien ideas prácticas para tomar en cuenta al ayudar a otros. Es posible que uno de los puntos resulte ser suficiente, o que quizás haya que recurrir a una combinación de ellos. Necesitará desplegar la mayor cantidad posible de sensibilidad y comprensión, recordando que se requiere tiempo, paciencia y amor para ayudar al deprimido.

1- Dedique su tiempo a la persona, sentados en un lugar tranquillo caminando por un parque, o paseando en el auto, realizando una actividad sencilla a fin de crear un ambiente propicio al diálogo. Recuerde que la persona necesita que se la escuche.

2- Trate de comprender las causas y síntomas de la depresión. Así podrá actuar más acertadamente, sin caer en disquisiciones innecesarias con la persona que estancarían el proceso de expresar amistad y apoyo.

3- Es importante que reconozca que una fuerte depresión puede terminar en suicidio. Por ello mediante la conversación franca y abierta con la persona, hágale entender que está interesado en ella, y que como persona tiene valor. Si nota fuerte alusiones a la muerte y “querer acabar con todo”, no la deje sola y busque ayuda profesional adecuada.

4- Si es posible y parece necesario, lleve a la persona al médico o al psicólogo para una consulta profesional.

5- Sea positivo y alentador, pero no exagere, no sea que la persona se sienta inferior y distante por no sentirse como usted.

6- Ponga música alegre o suave levantarle el espíritu.

7- Motívela a que piense y se preocupe por alguien que no sea ella misma.

8- Involúcrela en alguna actividad o pasatiempo. Esto contribuirá a sacarla del aquí y ahora de su depresión y a pensar en el futuro y lo bueno que puede haber en él. Enséñele a dedicarse a una pequeña tarea cada vez, de manera que gradualmente vaya asumiendo sus responsabilidades normales.

9- El humor, empleado sabiamente, puede ayudar a despejar la mente de la persona y a poder verse como cualquier otro, sin necesidad de tomarse tan trágicamente en serio.

10- Si no mejora, no intente hacer las veces de psicólogo, lleve a la persona a un profesional.

Si usted está sufriendo de melancolía, necesita un amigo bueno y fiel. En este folleto hemos repetido varias veces que Dios desea ser “ese” amigo para todos nosotros. Y para que no queden dudas, a continuación describimos cuatro maneras en las que Jesucristo ha expresado su amor hacia nosotros:

1- Con su muerte en la cruz, Jesucristo nos reconcilió con Dios, demostrándonos su amor y dándonos el perdón de todos nuestros pecados. De esta manera nos da su paz y la fuerza para rehacer nuestra vida, encontrar soluciones a los problemas y aprender a usar nuestras crisis para  madurar.

2- Después de muerto Jesucristo volvió a la vida, resucitó dejando su tumba vacía. Rompió así para siempre las ataduras con que la muerte nos tenía esclavizados. Con esto nos muestra que no quiere que estemos separados de Él ¡nunca! Jesucristo nos ha devuelto la comunión con Dios desde ahora y para siempre.

3- Jesucristo nos da su poder por medio del Espíritu Santo, para que nos sintamos seguros del amor de Dios y seguros de nosotros mismos. Este hecho, nos consuela y nos fortalece para enfrentar la vida con propósito y paz interior, y para vivir en buena relación con otras personas.

4- Confiando en Jesucristo, podemos estar seguros de adquirir un nuevo entendimiento del significado de nuestra existencia basados en el amor de Dios. Pues Él ha hecho todo esto por la pura y simple razón de que nos ama.

En resumen, podemos afirmar que Dios hizo todo lo necesario para reconciliarnos consigo mismo, dado que nosotros estábamos tan perdidos en nuestro pecado que éramos incapaces de amarlo apropiadamente y honrarlo como Él lo merece. Como dice el apóstol San Juan: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran             perdonados.” (1 Juan 4: 10)

Es así como Dios nos ama. Todo lo que queda es que cada uno de nosotros, en forma individual, acepte el ofrecimiento de la amistad de Dios. Que cada uno de nosotros escuche esta invitación que Dios nos hace a volvernos de nuestro viejo hábito de tratar de vivir sin Él, para confiar en la muerte y resurrección de Cristo, por medio de la cual se borran nuestros pecados y quedamos aceptables ante Dios.

El apóstol San Pablo lo describe de esta manera: “En Cristo, Dios estaba poniendo al mundo en paz consigo mismo, sin tomar en cuenta los pecados… Ahora pues, como colaboradores en la obra de Dios, les rogamos a ustedes que no desaprovechen la bondad que Dios les ha mostrado…. Ahora es el momento oportuno. ¡Ahora es el día de la salvación!” (1 Corintios 5:19 y 6:1-2)

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