Volver a empezar

ENTENDIENDO LO QUE VIVIMOS Tocar fondo, romper lazos significativos, perder tareas productivas, sufrir pérdidas importantes; éstas y otras son situaciones que sacuden los cimientos de la existencia. Son realidades que nos llevan a replantearnos muchas cosas.

Quizá lo hayamos hecho anteriormente, pero en estas ocasiones es diferente. Se mueven cosas de fondo, hay heridas profundas. Es un replanteo que puede adentrarse en el desencanto y la depresión, pero también puede llevarnos más allá y ser la plataforma que nos permita recomenzar. Dicho replanteo no debe partir de la pregunta: “¿qué hubiera sido si…?”, sino de la consigna: “¿Qué puede llegar a ser si…?”. Para cambiar algo hay que hacer alguna modificación, para recoger una cosecha hay que sembrar, para concretar un negocio hay que invertir. O sea, hay que movilizarse, trabajar y arriesgar algo del “capital” que tenemos. En estas circunstancias es común que nos invadan miedos, inseguridades y dudas. Pero la única forma que hay de erradicar estos temores es haciendo, arriesgando. Al ponerse en camino la inmovilidad queda atrás, se sienten los efectos de accionar por dentro y esto carga de energía. De cada situación, de cada experiencia dolorosa podemos aprender a salir fortalecidos. Si bien no es rápi-do ni fácil, y necesita de nosotros para elaborarse, debemos permitirnos el duelo pero no quedarnos ahí. Llo-remos, gritemos, dejemos que la herida salga a la superficie, aunque sangre y duela, enfrentemos el dolor. Cuesta, a veces resulta casi imposible pero, ¿para qué sirve seguir llenando la mochila con tantas cosas desagradables? ¿Sirve negarse a todo lo nuevo que puede llegar? ¿Beneficia seguir alimentando el sufrimien-to? Si logramos dar el primer paso… Si hoy nos levantamos con ganas de volver a empezar…Si abrimos las ventanas y dejamos entrar la luz… Si decidimos cambiar… Si dejamos que el viento, el sol, la gente comien-cen a ser nuevamente una compañía… Si dejamos que Dios nos acompañe y nos disponemos a empezar nue-vamente una vida fructífera… Así será. El miedo puede estar impidiéndole hacerlo. Tal vez porque piense que si decide seguir adelante y cambiar su vida algo podría salir mal. Quizá crea que las personas no entiendan su decisión o lo miren mal. Acaso tema recibir reproches de su familia, compañeros o amigos. Tal vez considere que es arriesgar y esforzarse demasiado cuando podría perderlo todo… Y así puede haber una larga lista de temores y dudas que lo blo-quean. Los impedimentos que percibe para llevar a cabo los cambios no necesariamente son muros infranquea-bles. Muchas veces así lo parecen. Los vemos grandes, fuertes, o como una acumulación de obstáculos que incitan a desistir del intento. Sin embargo, un pequeño cambio, una actitud o una acción, pueden comenzar a abrir puertas, dejando pasar pequeños e inspiradores rayos de luz. Una llamada, una entrevista, un pedido, un cambio de vestimenta o de horarios, pueden ser el comienzo a una vida diferente. Si duda, si teme, si piensa que está solo, vea lo que Jesucristo dice: “Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (2). El apóstol Pablo, que pasó cosas muy difíciles en su vida, confiando en Jesucristo dijo: “Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situa-ción, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada. A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece” (3). Llegado este punto cabe hacer una aclaración. Existen personas que están mal, atascadas, sin demasiadas expectativas, pero son ellas quienes convierten estas condiciones en un hábito. ¿Cómo es esto? Muchas ve-ces, sin darse cuenta, se acostumbran al fracaso, la desdicha y se les hace un estilo de vida. Pasan a ser tan cotidianos, que se acostumbran, se conforman, piensan que no pueden aspirar a más, y se condicionan cre-yendo que es normal. Generalmente esto ocurre por temor de lo que pasaría si dan el 100% de su capacidad. Temen sentir el te-cho de sus vidas. Mejor es imaginarlo muy arriba y pretender que no les interesa, o no quieren acercarse a él. Hablan de que si quisieran… Pero viven en una situación de derrota y estancamiento. Puede ocurrir que en ocasiones usted no se sienta capaz de dar un paso más, y se vea tentado a regresar rápidamente a su zona segura; pero debe dar ese paso, porque es así como crecerá. De nada le servirá situarse en una peligrosa zona de confort, en la que se sienta seguro. Hágase responsable de su vida. Si no se aplicará el dicho: “el cojo le echa la culpa al empedrado”, y con-tinuará desarrollando un papel de víctima de las circunstancias, cuando en realidad es su propio verdugo. ¡Inicie el cambio, modifique el rumbo! Nadie lo hará por usted. No siga pensando en lo que podría hacer. ¡Hágalo y tendrá una vida diferente!

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