LA FAMILIA EN LA CRISIS ECONOMICA

 

…Oh Dios…aleja de mí la falsedad y la mentira, y no me hagas ni rico ni pobre; dame sólo el pan necesario, porque si me sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco; y si me falta, podría robar y ofender así tu divino nombre.

Proverbios 30:7-9

Los estudiosos de la conducta humana han comenzado a preocuparse por uno de los tantos factores que están desestabilizando la estructura familiar: se trata de los efectos de la crisis económica, agudizada en los últimos años.

Los Efectos

Esta crisis no solamente ha irrumpido en el ámbito de la vida familiar transformando algunas prácticas de consumo, sino que también ha afectado las relaciones interpersonales, originando conflictos y generando distintas formas de violencia, que apenas ahora se van estudiando más de cerca.

La primera fuente de estos conflictos es la inseguridad respecto a la estabilidad laboral, y como parte de una misma cadena, la expectativa del desempleo, la escasez de recursos para asegurar la alimentación, la falta de viviendas, el riesgo de las enfermedades, el alto costo de las medicinas, los gastos para la educación y para la vestimenta.

Cuando en una familia de medianos o bajos ingresos se presentan estos problemas, pueden originarse tensiones y un clima de malestar que fácilmente conducen a la violencia si no existen formas creativas de evitarlo. Se dan casos muy frecuentes de alcoholismo en miembros de grupos familiares que no tienen empleo fijo o que tienen ingresos poco regulares. Las riñas domésticas suelen iniciarse por demandas económicas o por frustrados esfuerzos para mejorar las condiciones existentes.

Las relaciones de dependencia que caracterizan a grupos familiares donde la mujer generalmente tiene que defenderse con los recursos que aporta el hombre al hogar, son también causantes de desenlaces violentos. Las mujeres, como es bien sabido, son las que mayormente manejan la economía doméstica y se esfuerzan por estirar el presupuesto: No es tan extraño, pues, que planteen sus demandas a los hombres, exijan más dinero para cubrir los gastos, protesten y se irriten por lo que no pueden resolver. Y de estos enfrentamientos puede surgir una golpiza, cosa bastante común, como consta en tantos de los informes que de un tiempo a esta parte se vienen registrando en forma oficial y que antes no se hacían.

Fácil es imaginarse que en estos hogares donde la familia está expuesta a la inseguridad económica, los estallidos de violencia y los desequilibrios se ponen en evidencia entre todos su miembros.

Existe también una realidad poco conocida en aquellas familias que tienen buenos ingresos, pero que se ven acosadas por las fuertes presiones de tener que cumplir con el compromiso de saldar las deudas contrahídas. En la lucha por mantenerse a flote con un estilo de vida por encima de sus posibilidades, hay familias que sufren las dolorosas consecuencias de las tensiones que esta brega implica.

Esto puede reflejarse en las riñas y disputas entre los esposos al no poder allanar diferencias relacionadas con la administración de los ingresos a la luz de sus fuertes deudas. El dinero no compra el amor, y las personas que han tratado de hacerlo, sufren amargas decepciones. Una mujer confesó que habría apreciado más a su esposo si éste hubiera sido amoroso con ella demostrando su afecto, comprensión, dedicación, honradez y fidelidad, antes que solamente comprarle un vestido nuevo cada semana. No hay substitutos para el anhelo de un verdadero amor. Muchos matrimonios terminan en el divorcio porque no supieron crear un ambiente de entendimiento y acuerdo mutuo en cosas tan básicas como las finanzas hogareñas. 

Otro fruto atribuible a estas desmesuradas tensiones económicas es un alto índice de hijos maltratados físicamente por padres frustrados que “hacen pagar los platos rotos” a sus hijos. Hay demasiados ejemplos de hijos “huérfanos”, sicológicamente hablando,  porque sus padres no  tienen el tiempo para proporcionarles el  afecto y la dedicación que éstos necesitan. Pero, a fin de no perjudicar la “imagen” que quieren proyectar a los demás, la familia sufre en un silencio doloroso y destructivo.  El amor al dinero, o el correr incesantemente tras el éxito financiero, no trae consigo la paz y felicidad que tanto anhelamos. Esto lo expresó claramente un poeta ruso:

“El dinero es como el profundo mar,en donde el honor, la felicidad, la conciencia y la verdad puedan fácilmente ahogarse.”

Ivan Kozlof, 1774- 1838

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