El hombre sabio debe manejar su dinero con la cabeza y no con el corazón.

Jonathan Swift, satírico irlandés, 1667- 1745

 

Si haces del dinero tu dios, te  fastidiará  como el mismo diablo. Las riquezas han  enriquecido a miles y  han  condenado a millones.

Henry Fielding, novelista inglés, 1707-1754

 

El objetivo de una filosofía materialista de la vida es acumular bienes para demostrar quiénes somos. Este concepto nos puede corromper y matar toda dignidad humana.

Pero al tener un concepto sano de nosotros mismos como personas creadas y sostenidas por el amor de Dios, conoceremos lo que verdaderamente vale la pena. Por desgracia, muchos no  saben qué es lo mejor para su vida y  así convierten su dinero y sus  posesiones en la finalidad de todo, o sea, en la razón de su vida.

Cuando Dios creó al mundo, lo dotó de los recursos naturales necesarios para que todos tuviéramos la oportunidad de  disfrutar el esfuerzo de nuestra labor.  Sin embargo, hemos perdido la visión y habilidad de lograr la meta de convivir juntos en armonía en nuestro planeta. En vez de paz y una armoniosa convivencia, existe la explotación y la mala administración de estos recursos, lo  cual afecta nuestra calidad de vida.

Muchas personas no se conforman con ganarse el sustento y vivir de acuerdo con sus recursos. Hay quienes caen presos en la  búsqueda del dinero fácil robando,  estafando o por medio del juego de azar  con las apuestas, las diferentes clases de lotería y toda la gama de diversiones, lícitas e ilícitas, que supuestamente permiten el “enriquecimiento instantáneo”.

El Robo

Son  alarmantes las estadísticas acerca de pérdidas debidas a robos o estafas en sus múltiples formas. Pocas personas se consideran a sí mismas  ladrones o  estafadores. La palabra “ladrón” es una palabra fea y ¡más vale cuidarnos de usarla con otras personas! Pero sin darnos cuenta, podemos convertirnos en “ladrones” sin  que otros lo sepan. Cuando el comerciante exagera los precios o tiene balanzas preparadas o productos adulterados, ésta  es  una forma de robar. Cuando el empleado cobra su sueldo sin prestar los servicios requeridos, o cuando piensa que, siendo la empresa tan próspera, no sentirá la falta de una  u otra cosa, ésto en los ojos es Dios robar. Faltar en el trabajo o engañar al cliente es faltarle a Dios quien nos llamó a servir el uno al otro. Cobrar un precio injusto o un sueldo sin haber producido nada o sin haber servido a nadie, es robarle al prójimo el servicio, el cuidado y amor que nosotros todos, por mandato divino, nos debemos los unos a los otros. Somos culpables de robar cuando nos aprovechamos de la debilidad, la ignorancia, la necesidad o la falta de educación de otro ser humano, para enriquecernos a nosotros mismos.

Juegos de Azar

De igual forma, muchos buscan el “dinero fácil” dedicándose a juegos de azar. Es increíble qué sumas ingentes de dinero se invierten semanalmente en esta supuesta diversión. Por ejemplo, en la Argentina, se ha estimado que en el año 1984 (según el diario Tiempo Argentino) se invertía en juegos de azar un monto equivalente al 7% de la deuda externa y un 33,33% del total de las exportaciones. Estas cifras crecen día a día. Constantemente surgen nuevas formas de juegos de azar y cada vez más personas son incentibadas a poner su esperanza de “salir del pozo” en un billete de lotería o algún otro juego de azar. De esta manera, lo que podría ser una simple distracción, se convierte en una insaciable búsqueda de bienes y placeres, distorcionando así la finalidad de nuestra existencia. El azar es una ilusión, un falso sueño de conseguir algo con un mínimo de esfuerzo. La verdad es que no hay ganadores; las pérdidas siempre son mayores que las supuestas ganancias. La forma en que se derrocha el dinero en juegos demuestra la poca sabiduría humana en cuanto a lo que tenemos y debemos administrar en la vida.

 

 

A nadie le gusta ser acusado de tener ídolos y de adorarlos. Pero cuando algo es objeto de excesivo aprecio y codicia, se convierte en nuestro dios. Esto sucede cuando nos entregamos a la obsesión de obtener dinero y bienes materiales por cualquier medio lícito o ilícito. Y lo peor es que muy fácilmente llegamos a sustituir a Dios por las cosas que a nuestro juicio tienen más valor. Y en este proceso devaluamos y despreciamos al ser humano convirtiéndolo en un medio para nuestro propio bienestar o un estorbo para lograrlo.

Es como la caricatura en que aparecen dos individuos, uno muy pobre y el otro muy rico. Ambos se apuntan con dedo acusador, y ambos dicen a la vez: “Gracias a ti, soy como soy.” Este autor demuestra muy a las claras cómo nos deshumanizamos y cómo la insensibilidad resulta en la destrucción de la dignidad humana.

La Delincuencia

Es un hecho que nuestro mundo está sumido en la corrupción, y que la delincuencia abunda. Pero no solamente son los ladrones, asesinos y malvados, los que constituyen esta corrupción. También debe incluirse al obrero que no cumple fielmente su trabajo; al administrador que crea “errores” en la contabilidad para beneficiarse; a las personas que destruyen el patrimonio nacional pensando que el gobierno tarde o temprano tendrá que arreglarlo; al estudiante que no cuida su centro de estudio y los materiales que usa para su aprendizaje, y al empleado público que se deja comprar a fin de encubrir la maldad de otros. En fin, cuando el dinero se convierte en la finalidad de nuestro existir, nuestro egoísmo nos ciega y podemos quedar esclavizados o atrapados en las garras de la corrupción.

La corrupción y la avaricia nos quitan la vida, seamos victimario o víctima, dejándonos desangrados y desgastados por este terrible mal que nos aqueja.

Judas Iscariote

Dios mismo sufrió las implicaciones de la maldad del hombre y su amor al dinero. Uno de los discípulos de Jesús, motivado por treinta monedas de plata, lo arriesgó todo hasta el punto de traicionar a Cristo, su mejor amigo. El primer impulso de Judas Iscariote fue su provecho personal. Por eso el dinero, aunque en sí no tiene ese poder, en manos de nuestro egoísmo produce males jamás imaginados. Como dicen las Sagradas Escrituras:

Nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos; si tenemos qué comer y con qué vestirnos, ya nos podemos dar por satisfechos. En cambio, los que quieren hacerse ricos no resisten la prueba, y caen en la trampa de muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación. Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes por codicia, se han desviado de su fe en Dios y han llenado de sufrimiento sus propias vidas.

l Timoteo 6:7-10.

 

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