febrero 2, 2011

El hombre sabio debe manejar su dinero con la cabeza y no con el corazón.

Jonathan Swift, satírico irlandés, 1667- 1745

 

Si haces del dinero tu dios, te  fastidiará  como el mismo diablo. Las riquezas han  enriquecido a miles y  han  condenado a millones.

Henry Fielding, novelista inglés, 1707-1754

 

El objetivo de una filosofía materialista de la vida es acumular bienes para demostrar quiénes somos. Este concepto nos puede corromper y matar toda dignidad humana.

Pero al tener un concepto sano de nosotros mismos como personas creadas y sostenidas por el amor de Dios, conoceremos lo que verdaderamente vale la pena. Por desgracia, muchos no  saben qué es lo mejor para su vida y  así convierten su dinero y sus  posesiones en la finalidad de todo, o sea, en la razón de su vida.

Cuando Dios creó al mundo, lo dotó de los recursos naturales necesarios para que todos tuviéramos la oportunidad de  disfrutar el esfuerzo de nuestra labor.  Sin embargo, hemos perdido la visión y habilidad de lograr la meta de convivir juntos en armonía en nuestro planeta. En vez de paz y una armoniosa convivencia, existe la explotación y la mala administración de estos recursos, lo  cual afecta nuestra calidad de vida.

Muchas personas no se conforman con ganarse el sustento y vivir de acuerdo con sus recursos. Hay quienes caen presos en la  búsqueda del dinero fácil robando,  estafando o por medio del juego de azar  con las apuestas, las diferentes clases de lotería y toda la gama de diversiones, lícitas e ilícitas, que supuestamente permiten el “enriquecimiento instantáneo”.

El Robo

Son  alarmantes las estadísticas acerca de pérdidas debidas a robos o estafas en sus múltiples formas. Pocas personas se consideran a sí mismas  ladrones o  estafadores. La palabra “ladrón” es una palabra fea y ¡más vale cuidarnos de usarla con otras personas! Pero sin darnos cuenta, podemos convertirnos en “ladrones” sin  que otros lo sepan. Cuando el comerciante exagera los precios o tiene balanzas preparadas o productos adulterados, ésta  es  una forma de robar. Cuando el empleado cobra su sueldo sin prestar los servicios requeridos, o cuando piensa que, siendo la empresa tan próspera, no sentirá la falta de una  u otra cosa, ésto en los ojos es Dios robar. Faltar en el trabajo o engañar al cliente es faltarle a Dios quien nos llamó a servir el uno al otro. Cobrar un precio injusto o un sueldo sin haber producido nada o sin haber servido a nadie, es robarle al prójimo el servicio, el cuidado y amor que nosotros todos, por mandato divino, nos debemos los unos a los otros. Somos culpables de robar cuando nos aprovechamos de la debilidad, la ignorancia, la necesidad o la falta de educación de otro ser humano, para enriquecernos a nosotros mismos.

Juegos de Azar

De igual forma, muchos buscan el “dinero fácil” dedicándose a juegos de azar. Es increíble qué sumas ingentes de dinero se invierten semanalmente en esta supuesta diversión. Por ejemplo, en la Argentina, se ha estimado que en el año 1984 (según el diario Tiempo Argentino) se invertía en juegos de azar un monto equivalente al 7% de la deuda externa y un 33,33% del total de las exportaciones. Estas cifras crecen día a día. Constantemente surgen nuevas formas de juegos de azar y cada vez más personas son incentibadas a poner su esperanza de “salir del pozo” en un billete de lotería o algún otro juego de azar. De esta manera, lo que podría ser una simple distracción, se convierte en una insaciable búsqueda de bienes y placeres, distorcionando así la finalidad de nuestra existencia. El azar es una ilusión, un falso sueño de conseguir algo con un mínimo de esfuerzo. La verdad es que no hay ganadores; las pérdidas siempre son mayores que las supuestas ganancias. La forma en que se derrocha el dinero en juegos demuestra la poca sabiduría humana en cuanto a lo que tenemos y debemos administrar en la vida.

 

 

A nadie le gusta ser acusado de tener ídolos y de adorarlos. Pero cuando algo es objeto de excesivo aprecio y codicia, se convierte en nuestro dios. Esto sucede cuando nos entregamos a la obsesión de obtener dinero y bienes materiales por cualquier medio lícito o ilícito. Y lo peor es que muy fácilmente llegamos a sustituir a Dios por las cosas que a nuestro juicio tienen más valor. Y en este proceso devaluamos y despreciamos al ser humano convirtiéndolo en un medio para nuestro propio bienestar o un estorbo para lograrlo.

Es como la caricatura en que aparecen dos individuos, uno muy pobre y el otro muy rico. Ambos se apuntan con dedo acusador, y ambos dicen a la vez: “Gracias a ti, soy como soy.” Este autor demuestra muy a las claras cómo nos deshumanizamos y cómo la insensibilidad resulta en la destrucción de la dignidad humana.

La Delincuencia

Es un hecho que nuestro mundo está sumido en la corrupción, y que la delincuencia abunda. Pero no solamente son los ladrones, asesinos y malvados, los que constituyen esta corrupción. También debe incluirse al obrero que no cumple fielmente su trabajo; al administrador que crea “errores” en la contabilidad para beneficiarse; a las personas que destruyen el patrimonio nacional pensando que el gobierno tarde o temprano tendrá que arreglarlo; al estudiante que no cuida su centro de estudio y los materiales que usa para su aprendizaje, y al empleado público que se deja comprar a fin de encubrir la maldad de otros. En fin, cuando el dinero se convierte en la finalidad de nuestro existir, nuestro egoísmo nos ciega y podemos quedar esclavizados o atrapados en las garras de la corrupción.

La corrupción y la avaricia nos quitan la vida, seamos victimario o víctima, dejándonos desangrados y desgastados por este terrible mal que nos aqueja.

Judas Iscariote

Dios mismo sufrió las implicaciones de la maldad del hombre y su amor al dinero. Uno de los discípulos de Jesús, motivado por treinta monedas de plata, lo arriesgó todo hasta el punto de traicionar a Cristo, su mejor amigo. El primer impulso de Judas Iscariote fue su provecho personal. Por eso el dinero, aunque en sí no tiene ese poder, en manos de nuestro egoísmo produce males jamás imaginados. Como dicen las Sagradas Escrituras:

Nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos; si tenemos qué comer y con qué vestirnos, ya nos podemos dar por satisfechos. En cambio, los que quieren hacerse ricos no resisten la prueba, y caen en la trampa de muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación. Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes por codicia, se han desviado de su fe en Dios y han llenado de sufrimiento sus propias vidas.

l Timoteo 6:7-10.

 

Dios y Nuestras Crisis Económicas

septiembre 15, 2010

Cuando la crisis económica afecta el hogar, bueno es recordar que Dios promete cuidarnos y darnos lo que necesitamos. Ante la desesperación y los conflictos que son tan  naturales, podemos tener la certeza de que Dios nos comprende; él sufre  al vernos aturdidos por los duros golpes  que sufrimos a causa  de nuestra condición humana. Por eso Jesucristo dejó a un lado toda su  gloria para ser el más pobre. Ni aun  tenía su propia casa. Pese a que tenía el poder para multiplicar los  panes y dar de comer a los pobres, nunca lo usó para su propio beneficio. Valoraba a la  persona por lo que era y no por lo que tenía o pretendía poseer.

Por lo que nos relata la Biblia a Dios no le costó nada  crear el mundo; simplemente dijo,  y su palabra lo creó todo.  Pero a Dios le costó la vida de su  Hijo para rescatarnos y perdonarnos. No fue fácil pagar el alto precio de todos nuestros fracasos y del  comportamiento lamentable de unos con otros,  especialmente en nuestros hogares. Dios mismo sudó gotas de sangre en la persona de Jesucristo para lograr lo que ninguno de nosotros puede conseguir: ser  liberados de la muerte misma, consecuencia de nuestra rebeldía contra Dios.

Por eso, para Dios somos su posesión más preciosa, y su más profundo  deseo es que confiemos en Jesucristo para recibir todos los beneficios de una renovada relación con él mismo.

LA FAMILIA EN LA CRISIS ECONOMICA

agosto 11, 2010

 

…Oh Dios…aleja de mí la falsedad y la mentira, y no me hagas ni rico ni pobre; dame sólo el pan necesario, porque si me sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco; y si me falta, podría robar y ofender así tu divino nombre.

Proverbios 30:7-9

Los estudiosos de la conducta humana han comenzado a preocuparse por uno de los tantos factores que están desestabilizando la estructura familiar: se trata de los efectos de la crisis económica, agudizada en los últimos años.

Los Efectos

Esta crisis no solamente ha irrumpido en el ámbito de la vida familiar transformando algunas prácticas de consumo, sino que también ha afectado las relaciones interpersonales, originando conflictos y generando distintas formas de violencia, que apenas ahora se van estudiando más de cerca.

La primera fuente de estos conflictos es la inseguridad respecto a la estabilidad laboral, y como parte de una misma cadena, la expectativa del desempleo, la escasez de recursos para asegurar la alimentación, la falta de viviendas, el riesgo de las enfermedades, el alto costo de las medicinas, los gastos para la educación y para la vestimenta.

Cuando en una familia de medianos o bajos ingresos se presentan estos problemas, pueden originarse tensiones y un clima de malestar que fácilmente conducen a la violencia si no existen formas creativas de evitarlo. Se dan casos muy frecuentes de alcoholismo en miembros de grupos familiares que no tienen empleo fijo o que tienen ingresos poco regulares. Las riñas domésticas suelen iniciarse por demandas económicas o por frustrados esfuerzos para mejorar las condiciones existentes.

Las relaciones de dependencia que caracterizan a grupos familiares donde la mujer generalmente tiene que defenderse con los recursos que aporta el hombre al hogar, son también causantes de desenlaces violentos. Las mujeres, como es bien sabido, son las que mayormente manejan la economía doméstica y se esfuerzan por estirar el presupuesto: No es tan extraño, pues, que planteen sus demandas a los hombres, exijan más dinero para cubrir los gastos, protesten y se irriten por lo que no pueden resolver. Y de estos enfrentamientos puede surgir una golpiza, cosa bastante común, como consta en tantos de los informes que de un tiempo a esta parte se vienen registrando en forma oficial y que antes no se hacían.

Fácil es imaginarse que en estos hogares donde la familia está expuesta a la inseguridad económica, los estallidos de violencia y los desequilibrios se ponen en evidencia entre todos su miembros.

Existe también una realidad poco conocida en aquellas familias que tienen buenos ingresos, pero que se ven acosadas por las fuertes presiones de tener que cumplir con el compromiso de saldar las deudas contrahídas. En la lucha por mantenerse a flote con un estilo de vida por encima de sus posibilidades, hay familias que sufren las dolorosas consecuencias de las tensiones que esta brega implica.

Esto puede reflejarse en las riñas y disputas entre los esposos al no poder allanar diferencias relacionadas con la administración de los ingresos a la luz de sus fuertes deudas. El dinero no compra el amor, y las personas que han tratado de hacerlo, sufren amargas decepciones. Una mujer confesó que habría apreciado más a su esposo si éste hubiera sido amoroso con ella demostrando su afecto, comprensión, dedicación, honradez y fidelidad, antes que solamente comprarle un vestido nuevo cada semana. No hay substitutos para el anhelo de un verdadero amor. Muchos matrimonios terminan en el divorcio porque no supieron crear un ambiente de entendimiento y acuerdo mutuo en cosas tan básicas como las finanzas hogareñas. 

Otro fruto atribuible a estas desmesuradas tensiones económicas es un alto índice de hijos maltratados físicamente por padres frustrados que “hacen pagar los platos rotos” a sus hijos. Hay demasiados ejemplos de hijos “huérfanos”, sicológicamente hablando,  porque sus padres no  tienen el tiempo para proporcionarles el  afecto y la dedicación que éstos necesitan. Pero, a fin de no perjudicar la “imagen” que quieren proyectar a los demás, la familia sufre en un silencio doloroso y destructivo.  El amor al dinero, o el correr incesantemente tras el éxito financiero, no trae consigo la paz y felicidad que tanto anhelamos. Esto lo expresó claramente un poeta ruso:

“El dinero es como el profundo mar,en donde el honor, la felicidad, la conciencia y la verdad puedan fácilmente ahogarse.”

Ivan Kozlof, 1774- 1838

Lo que Dios Nos Ofrece

junio 15, 2010

 

Dios no quiere que seamos esclavos de lo que tenemos, sino libres para disfrutar de su amor y de lo que él nos da para nuestro sustento. Por eso nos dotó de inteligencia para analizar y evaluar el mundo que nos rodea. Incluso nos ofrece varios consejos de cómo relacionarnos con otras personas y no atarnos a cosas materiales que con el tiempo se pueden echar a perder.

Por eso, una sana manera de apreciar lo que tenemos es considerarlo como algo que Dios nos prestó, y que nosotros hemos de cuidar y hacer prosperar. Así, el dinero será un medio, no un fin. El verdadero valor de un billete se disfruta cuando se lo usa. Así mismo es el amor de Dios.

Para salvarnos de la esclavitud que es consecuencia de nuestro egoísmo y falta de fuerza moral, Dios nos ha dado la libertad en forma de un “cheque”. Ese cheque paga por todos los daños que hemos causado y pone a nuestro alcance todo lo que necesitamos para ser libres. Jesucristo, su Hijo, murió y volvió a vivir para que nuestro nombre apareciera en ese cheque. Pero de nada sirve si no lo endosamos y cobramos los beneficios allí prometidos. Las personas que dan el paso decisivo de “cobrar y hacer suyo” lo que Dios ofrece, podrán disfrutar de una paz verdadera, un verdadero entusiasmo por la vida, nuevos valores y una bondad sin límite.

¿Qué piensas hacer con el cheque extendido a tu nombre?

¿Necesidades Reales o Artificiales?

junio 8, 2010

Inmerso en un mundo de miles de productos, el consumidor tiene que escoger entre los que son necesidades reales y los que son simplemente necesidades artificiales. Por ejemplo, a menudo los anuncios de los cigarrillos invitan al joven a fumar para adquirir distinción y popularidad. Es obvio que no se hace énfasis en la advertencia de que el fumar es dañino para la salud. A la vez, hay publicidad que trata de convencer al cliente de que tal marca de leche es superior a todas las demás marcas. Y al mismo tiempo otra compañía trata de convencernos de que sus licores son el ingrediente necesario para conseguir fama y prestigio entre sus amigos.

El cuadro a la verdad se torna confuso por la incesante propaganda que enfatiza la necesidad de tener, adquirir y soñar con una existencia rodeada de bienes. A veces nos cuesta saber lo que realmente necesitamos y rechazar la tentación de “necesitar” lo que todo el mundo nos quiere vender. Es importante tener un concepto claro de quiénes somos y qué necesita nuestra vida para existir. Cuando tenemos la escala de valores adecuada para guiar nuestra vida, y la fuerza interior para rehusar ser engañados y pensar que el valor de la persona se mide con lo que tiene y es capaz de adquirir, podremos ser más felices.

Pero, si nos hemos acostumbrado a depender de las cosas que nos rodean, sucumbimos a que merme nuestro prestigio y el respeto por parte de los demás por no tener lo que el comercio nos ofrece. Y lo peor del caso es que nunca tendremos lo suficiente, obsesionados por el “quiero más” de nuestra naturaleza. Y como siempre queremos más, nos pone mal el no tener “con qué”.

Pareciera que ya no vivimos para nosotros sino para las cosas materiales.

Es fácil que nuestra atención quede atrapada por aquellas cosas que creemos indispensables para nuestra felicidad. El deseo incontrolado de las cosas materiales conlleva a un enfermizo énfasis en lo “mío” y poco a poco excluye un verdadero interés por los demás. Amar a nuestros bienes más que a las personas nos puede volver recelosos en nuestras relaciones con otros, ya que no existe la posibilidad de manejarlos como podemos hacerlo con nuestros bienes. Por eso el egoísmo induce a que una persona se aleje y se aparte del trato y comunicación con otras personas.

Como todos debemos reconocer tarde o temprano, nuestra mayor debilidad como seres humanos es pensar en nosotros mismos; y el dinero se convierte en el vehículo perfecto para avivar nuestros deseos de ser alguien en la vida a expensas de otros. Nos dejamos manipular por el dinero, las riquezas y nuestros bienes materiales, cayendo en la trampa de llegar a ser siervos de algo sobre lo cual debiéramos ser amos. Como dijo un escritor francés:

“El dinero puede ser un buen siervo, pero casi siempre es como un amo déspota.”

Dominique Bouhours, 1628-1702

PAZ, NUESTRO MAYOR ANHELO

junio 4, 2010

Cuando enfrentamos problemas, que amenazan con robarnos nuestra tranquilidad, nuestro mayor anhelo es tener paz, sentirla y vivirla.

Dos artistas fueron comisionados para ilustrar a través de la pintura el significado de paz. A cada uno le fue asignado representar en lienzo la imagen más acertada de paz.

 El primer artista pintó un paisaje campestre, un día soleado, cielo azul, árboles, pájaros y mucho verdor.  Un agricultor estaba arando un parcela con una yunta de bueyes y en el fondo, una sencilla, pero bella casa entre tanta tranquilidad.  Casi se podía oler la tierra recién arada; casi se podía escuchar el dulce canto de los pájaros; se podía sentir la paz y la tranquilidad en aquel bello escenario.

 El segundo artista representó su cuadro con un farallón rocoso de una inmensa montaña.  Aquel peñasco estaba siendo batido por una terrible tormenta con viento y lluvia.  Las nubes oscuras, violentos relámpagos y la furia del viento castigaba y golpeaba el peñasco.  El cielo mismo mostraba en la tormenta su ira y poderío contra todo lo que está en su paso.  Aún la poca vegetación estaba siendo torcida, arrancada y destruida sin piedad.  El cuadro mostraba incontrolable fuerza, violencia y destrucción.  Sin embargo, una observación cuidadosa revelaba un impresionante detalle, casi desapercibido a causa de la vehemencia de la tormenta.  En una grieta de ese imponente despeñadero, protegido de la furia de la tormenta, había un pequeño nido con unos polluelos acurrucados, seguros, calientitos y tranquilos, refugiados entre la fisura rocosa.  Aparentemente despreocupados, imperturbados, parecían estar esperando que pasara la turbulencia, sabiendo que estaban seguros.  Serenidad no es libertad de la tormenta, más bien, paz en medio de ella.

  ¿Cuál de los dos cuadros invita al sosiego y la calma?  ¿Cuál, para ti, refleja las realidades de la vida y tu anhelo de paz y serenidad?

  Problemas y presiones externas amenazan con acabar nuestra paz interior. La respuesta es una paz interior que no desaparece cuando cambian las circunstancias; vivir sin ser perturbado por las duras realidades en la vida. Es una paz que es más grande que los problemas en la vida, edificada y sostenida en el hecho que las tormentas en la vida pasan, se sobrevive es la tormenta y se crece a consecuencia de ella, y en el proceso, no estar solos. Imperturbabilidad es el resultado de la paz que sobrepasa todo entendimiento. Serenidad no es libertad de las tormentas, pero paz en medio de ellas.

  Nuestra definición de paz es mucho más que sólo paz interior; es una relación de bienestar y armonía con otros, la satisfacción de convivir con propósito y justicia, la libertad de fomentar nuestras relaciones con otros basada en la comunión que Dios nos ha dado; una comunión con otros, con la naturaleza y con nosotros mismos; la paz como hijo o hija de Dios.  En la antigüedad, el profundo sentido a este regalo de Dios se llamaba, shalom.

 Para fomentar la paz debe de haber un ejercicio hacia el interior de la persona, así como el compromiso de exteriorizar sus beneficios para transformar la vida con un bienestar total – no es solamente un estado mental y espiritual, es una relación de bendición con los demás.

Todos nos hemos visto afectados y conmocionados por la violencia, la agresividad, la inseguridad, la incertidumbre y el dolor que a diario atormentan a nuestro país, al mundo entero y a nuestras vidas, a veces, en lo más íntimo de nuestro ser. Más allá de sólo quedar atrapados comentando y lamentando lo que sucede, todos necesitamos unirnos en un solo clamor a Dios, orando por la paz, la bondad y por los verdaderos actos de reconciliación, afirmando con firmeza los valores de la vida que Dios nos ha dado.

 Toda forma de violencia (terrorista, económica, psicológica, política y social) debe ser condenada y debería movernos a la intercesión por la paz, la paz de Dios.  Todos podemos ejercer esa paz; podemos orar por la paz, por las víctimas de diversas formas de violencia, por el país, por el gobierno, por cada hogar, por todas las familias, por el mundo entero. Aprendamos a ser instrumentos de esa paz.

 Que Dios, nuestro Señor, por medio de Jesucristo, sea con todos nosotros, sus hijos e hijas, sembrando en cada vida, en cada hogar y en todo el país, el anhelo sincero por la paz, que es fruto de Su amor, bondad y perdón.

Volver a empezar

mayo 10, 2010

ENTENDIENDO LO QUE VIVIMOS Tocar fondo, romper lazos significativos, perder tareas productivas, sufrir pérdidas importantes; éstas y otras son situaciones que sacuden los cimientos de la existencia. Son realidades que nos llevan a replantearnos muchas cosas.

Quizá lo hayamos hecho anteriormente, pero en estas ocasiones es diferente. Se mueven cosas de fondo, hay heridas profundas. Es un replanteo que puede adentrarse en el desencanto y la depresión, pero también puede llevarnos más allá y ser la plataforma que nos permita recomenzar. Dicho replanteo no debe partir de la pregunta: “¿qué hubiera sido si…?”, sino de la consigna: “¿Qué puede llegar a ser si…?”. Para cambiar algo hay que hacer alguna modificación, para recoger una cosecha hay que sembrar, para concretar un negocio hay que invertir. O sea, hay que movilizarse, trabajar y arriesgar algo del “capital” que tenemos. En estas circunstancias es común que nos invadan miedos, inseguridades y dudas. Pero la única forma que hay de erradicar estos temores es haciendo, arriesgando. Al ponerse en camino la inmovilidad queda atrás, se sienten los efectos de accionar por dentro y esto carga de energía. De cada situación, de cada experiencia dolorosa podemos aprender a salir fortalecidos. Si bien no es rápi-do ni fácil, y necesita de nosotros para elaborarse, debemos permitirnos el duelo pero no quedarnos ahí. Llo-remos, gritemos, dejemos que la herida salga a la superficie, aunque sangre y duela, enfrentemos el dolor. Cuesta, a veces resulta casi imposible pero, ¿para qué sirve seguir llenando la mochila con tantas cosas desagradables? ¿Sirve negarse a todo lo nuevo que puede llegar? ¿Beneficia seguir alimentando el sufrimien-to? Si logramos dar el primer paso… Si hoy nos levantamos con ganas de volver a empezar…Si abrimos las ventanas y dejamos entrar la luz… Si decidimos cambiar… Si dejamos que el viento, el sol, la gente comien-cen a ser nuevamente una compañía… Si dejamos que Dios nos acompañe y nos disponemos a empezar nue-vamente una vida fructífera… Así será. El miedo puede estar impidiéndole hacerlo. Tal vez porque piense que si decide seguir adelante y cambiar su vida algo podría salir mal. Quizá crea que las personas no entiendan su decisión o lo miren mal. Acaso tema recibir reproches de su familia, compañeros o amigos. Tal vez considere que es arriesgar y esforzarse demasiado cuando podría perderlo todo… Y así puede haber una larga lista de temores y dudas que lo blo-quean. Los impedimentos que percibe para llevar a cabo los cambios no necesariamente son muros infranquea-bles. Muchas veces así lo parecen. Los vemos grandes, fuertes, o como una acumulación de obstáculos que incitan a desistir del intento. Sin embargo, un pequeño cambio, una actitud o una acción, pueden comenzar a abrir puertas, dejando pasar pequeños e inspiradores rayos de luz. Una llamada, una entrevista, un pedido, un cambio de vestimenta o de horarios, pueden ser el comienzo a una vida diferente. Si duda, si teme, si piensa que está solo, vea lo que Jesucristo dice: “Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (2). El apóstol Pablo, que pasó cosas muy difíciles en su vida, confiando en Jesucristo dijo: “Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situa-ción, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada. A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece” (3). Llegado este punto cabe hacer una aclaración. Existen personas que están mal, atascadas, sin demasiadas expectativas, pero son ellas quienes convierten estas condiciones en un hábito. ¿Cómo es esto? Muchas ve-ces, sin darse cuenta, se acostumbran al fracaso, la desdicha y se les hace un estilo de vida. Pasan a ser tan cotidianos, que se acostumbran, se conforman, piensan que no pueden aspirar a más, y se condicionan cre-yendo que es normal. Generalmente esto ocurre por temor de lo que pasaría si dan el 100% de su capacidad. Temen sentir el te-cho de sus vidas. Mejor es imaginarlo muy arriba y pretender que no les interesa, o no quieren acercarse a él. Hablan de que si quisieran… Pero viven en una situación de derrota y estancamiento. Puede ocurrir que en ocasiones usted no se sienta capaz de dar un paso más, y se vea tentado a regresar rápidamente a su zona segura; pero debe dar ese paso, porque es así como crecerá. De nada le servirá situarse en una peligrosa zona de confort, en la que se sienta seguro. Hágase responsable de su vida. Si no se aplicará el dicho: “el cojo le echa la culpa al empedrado”, y con-tinuará desarrollando un papel de víctima de las circunstancias, cuando en realidad es su propio verdugo. ¡Inicie el cambio, modifique el rumbo! Nadie lo hará por usted. No siga pensando en lo que podría hacer. ¡Hágalo y tendrá una vida diferente!

Generación busca felicidad en las pastillas…

abril 23, 2010

 

“Es difícil conquistarse a si mismo, pero cuando se logra todo está conquistado”

Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues él es el Padre que nos tiene compasión y el Dios que siempre nos consuela. El nos consuela en todos nuestros sufrimientos para que nosotros podamos consolar también a los que sufren.

2ª Corintios 1:3-4

Queremos compartir algunos datos y cifras que publicaran en el diario EL PAIS de Uruguay el día Domingo 18 de Abril de 2010; sobre los pscicofármacos y la automedicación.

Te presentamos un resumen, o  en caso que quieras leerlo completo…lo importante es continuar informandonos sobre un tema tan delicado.

http://elpaisweb2.elpais.com.uy/Suple/DS/10/04/18/sds_483002.asp

Más de uno de cada cinco uruguayos ha tomado psicofármacos.

 Consumo más extendido entre mujeres de 35 o más. 52 mil personas se automedican.

Las cifras 28,8% de las mujeres uruguayas han tomado tranquilizantes o antidepresivos en su vida.

14,2% mismo porcentaje de consumidores de estos psicofármacos, pero en hombres.

Si seguir correctamente la indicación médica permite a los usuarios de éstos fármacos desarrollar normalmente su vida, transformarse en médico improvisado y aumentar la dosis puede alterarla en todos los órdenes.

Según los expertos, las consecuencias van desde perder los vínculos sociales, sentirse inútil para realizar cualquier tarea sin una “píldora de la felicidad” a mano, hasta dopar indefinidamente una pérdida (la muerte de un familiar, un divorcio, un despido) sin que se elabore el duelo necesario.

Hoy en día  nos enfrentamos a  una determinada situación que produce angustia y lo primero que se hace es correr a buscar una salida inmediata!. En otras palabras, una pastilla que permita paliar su angustia antes que una psicoterapia que logre bucear y encontrar el origen del problema. La terapia implica un esfuerzo personal.

Ninguno de los psiquiatras consultados le quita responsabilidad al propio ejercicio de la medicina. “Sea como se obtenga la receta, siempre al inicio está detrás la mano de un profesional” afirma el Dr. Psiquiatra Da Silva. A veces llega una persona en una emergencia móvil, totalmente descompensada, y se prescribe un ansiolítico. Y el paciente se nota calmado a los diez minutos, ¡como si fuera magia!.

Según el estudio de 2007, el 50,4% de os psicofármacos es prescripto por un doctor en medicina general, un 32,9% por un psiquiatra, y un 16,6% por otros especialistas. En el caso de los tranquilizantes, esos porcentajes varían a  54,4%, 30,3% y 17,1%, respectivamente.

En el caso de los que consumen estos fármacos por su cuenta, el 46,9% los consigue directamente en las farmacias, el 27% accede a ellos en su propia casa, tal vez por un familiar, y al 8,3% se lo proporciona un amigo. Un 2,9% se lo consigue “en la calle”; es común ver medicamentos “controlados” en las ferias.

“La automedicación y la adicción no son equivalentes pero son pocos los especialistas que sostienen que la primera es un paso previo de la segunda. “

“Da Silva, también catedrático, afirma que en “todas las drogas”, la adicción afecta aproximadamente al 20% del total de consumidores, y más a los hombres en una proporción de cuatro a uno respecto de las mujeres. Pero en las benzodiacepinas este valor se invierte, hay cuatro mujeres por cada hombre.”

“Psiquiatras cuestionan a la sociedad actual que reclama soluciones “fáciles e inmediatas”. Sin embargo, ellos también reconocen propias responsabilidades.”

Hablan los especialistas…

Freddy da Silva: “Los tranquilizantes y su uso ya forman parte de nuestra cultura. Claro que hay que diferenciar al consumidor del adicto. El primero lo hace por indicación médica, con dosis, horarios y duración determinada. La idea general es que el adicto perdió el control”.

Juan Triaca: “La sociedad de consumo construye recetas ´sanadoras´, sin que me implique asumir un compromiso afectivo con o que me pasa. Con tres o cuatro pastillas ´tengo un tratamiento´. Ojo, no se trata de demonizar a éstos fármacos, sino al uso que se les dé”.

Fernando Cortinas: Después del alcohol y la nicotina, la benzodiacepìna es la droga psicoactiva más utilizada. Y su síndrome de abstinencia es el más grave de todos. En mi consulta está presente en el 70 u 80% de los casos, en combinación con cocaína o alcohol”.

Melancolía

abril 12, 2010

La melancolía es otro de los aspectos que conforman y a la vez promueven el abatimiento. El término melancolía designa hoy en día, ciertas formas particulares de depresión. La melancolía auténtica es un trastorno profundo del humor caracterizado por una tristeza patológica.

Un estado de melancolía se relaciona con dos sentimientos específicos: tristeza y miedo. A pesar de su nombre que parece definirla y diferenciarla de otras entidades nosológicas antiguas, es difícil describir certeramente qué es la melancolía. Hoy en día el término se utiliza más bien como una forma poética que designa un estado de añoranza y nostalgia.

La persona melancólica tiene dificultades para pensar y expresa esta trastorno de diversas maneras. No puede reunir sus ideas: éstas se encuentran como paralizadas,  no avanzan más. Está embotado, se siente como si hubiera recibido un golpe. Todo se mezcla y desdibuja para él. No puede tener una buena comprensión, se siente fatigado, abatido, vacío, sin poder prestar atención.

Para la persona melancólica las impresiones del mundo exterior tienen un carácter extraño, como si vinieran de un país remoto; hasta le parece que su cuerpo ya no le pertenece. El pensamiento y la acción se cumplen sin que participe en ello; se ve a sí mismo como un autómata.

El humor del melancólico se halla dominado por un abatimiento profundo, un desaliento sombrío o bien por una agitación ansiosa mal definida. Tiene como un peso en el corazón: muy poco o nada despierta ya su interés de manera durable: casi nada le causa placer. No siente más alegría, no tiene más sentimientos religiosos, está descontento consigo mismo, sólo siente indiferencia por sus familiares y por aquello que antes más quería.

A la persona melancólica todo le disgusta, todo le irrita: la sociedad, la música, los viajes, el trabajo. En todas las cosas sólo ve lo negro y difícil. Las personas que la rodean no son tan buenas y tan desinteresadas como ella había pensado, va de desilusión en desencanto. La vida le parece ahora sin objeto; sin que sepa porqué, le viene la idea destruirse. Tiene la sensación de que algo se quebró en ella. Ya no espera nada bueno. Estos trastornos de la voluntad hacen que la tentativa de suicidio sea relativamente escasa, aunque el deseo de morir sea frecuente.

Las quejas desesperadas expresan a través del tiempo y en todas las latitudes la fragilidad y la angustia del hombre. U hombre que sufre y se ve sometido a las oscilaciones de su equilibrio emocional, psíquico y espiritual. Un hombre que puede ir del desaliento al pesimismo, luego la desesperanza, el abatimiento, la depresión y en ocasiones al naufragio del suicidio.

 Pero…después del caos hay un nuevo orden.

Citas Biblicas para reflexionar…

abril 5, 2010

Seguidamente presentamos algunas citas de la Biblia para reflexionar sobre la depresión.

Cuando uno está deprimido, le sirve de ayuda hablar con alguien que ha pasado por lo mismo. Muchas de las personas cuyas historias se cuentan en la Biblia supieron lo que es sentirse cansado y agobiado. Al leerlo y al ver cómo se sobrepusieron a su   melancolía, se sentirá animado a hacer frente a los días que le esperan:

1. El ejemplo de Moisés. Números 11:1-17.

2. El ejemplo de Job. Job 1 al 42.

3. El profeta Elías. 1 Reyes 19:1-18.

4. El profeta Jeremías. Jeremías 20:1-18 y Lamentaciones 3:19.27.

5. El rey David y los otros escritores de Salmos. Salmos 32, 38, 42, 43, 46, 73, 77, y 102.

6. El apóstol Pablo. Hechos 16:16-40, especialmente versículo 25 y 2ª Corintios 1:3-11.

7. La actitud de Cristo hacia las personas deprimidas: Juan 4:1.42; Marcos 5:1.20; Marcos 9:14-29, especialmente el versículo 24; Lucas 5:12,13; Mateo 11:28-30.